Pensador de RodinEn un proceso de cambio que se ha iniciado para mejorar la vida de las personas y hacer posible que perduren los lugares de trabajo, hay que dejar tiempo para reflexionar y analizar si se ha cumplido el objetivo.

Valorar si una empresa es más eficiente y se han conservado los puestos de trabajo, o incluso se han creado más puestos, es fácil, son datos reales y objetivos.

Sin embargo, ¿Cómo valoramos el grado de satisfacción de las personas? No es lo mismo lo que nos pueda parecer que la realidad de cada miembro de la organización. Tampoco pretendemos conseguir que el 100% del personal se sienta mejor, ¿O sí?, ¿Con que porcentaje nos daremos por satisfechos? Y ¿Cómo lo sabremos?
¿Qué herramientas vamos a utilizar para saber si las personas son más felices? ¿Son las encuestas suficientes? ¿Cómo sabremos que las respuestas son sinceras?

Sin duda las encuestas formales son buenos indicadores, pero además hay que saber que piensa cada uno de los trabajadores. Los directivos y manager tienen que saber escuchar y conocer a su equipo, hay que tener conversaciones frecuentes con cada colaborador para saber cuáles son sus necesidades. Preguntar ¿cómo se sienten?, ¿en qué grado ha mejorado o empeorado su entorno de trabajo?, ¿cómo se sienten los domingos ante la perspectiva del inicio de una semana laboral?, ¿qué piensan cuando se levantan cada día?, ¿cómo se sienten al final del día?, ¿cómo podemos mejorar su vida?, ¿cómo podemos ayudar en que sean más felices?

Y además crear un entorno y una cultura de libertad para que cada cual pueda expresar sus necesidades y compartir sus experiencias con el resto de personas.
Hay que organizar sesiones de trabajo para analizar y reconducir lo que no se está haciendo bien e invertir mucho esfuerzo en conseguir que todos los directivos y manager sean buenos coach y sepan escuchar a sus colaboradores.

Y volvemos a la utopía, ¿Es posible crear este entorno de libertad en el trabajo para que todo el mundo se sienta escuchado y comprendido? ¿Es posible que las personas sean más felices? ¿Si tan solo una persona se siente infeliz, nos sentiremos satisfechos? ¿Vale la pena el esfuerzo y el sufrimiento generado? ¿El trabajo entendido como tal en una empresa modelo de una multinacional puede ayudar a la felicidad de las personas? ¿Vale la pena dedicar esfuerzos en estos entornos de trabajo?

Después de analizar cómo debe llevarse a cabo un plan de un proceso de cambio, de reflexionar sobre una experiencia vivida, con sus aspectos positivos y negativos, podríamos decir que como mínimo es una buena manera de aprender y crecer tanto profesional como personalmente. Y seguro que hemos conseguido que una parte de las personas también hayan crecido y mejorado y hemos aportado alguna pizca de felicidad. También puede haber servido para algunos como inicio de un verdadero cambio interior y replantearse la vida y las relaciones, y quizás contribuir y formar parte de nuevas formas de trabajo cuyo objetivo sea solo y exclusivamente alcanzar la felicidad propia y de los que nos rodean.